Iconos de estilo. Una mirada a la indumentaria tradicional

Museo del Traje
15 de marzo al 3 de junio 2018
Profesora Laura Ávila
Se ha programado la siguiente visita
Martes 29 de mayo a las 17.30 h

Esta exposición, que organiza el Museo del Traje con Acción Cultural Española [AC /E], surge de la visita a los almacenes del Museo del Traje que Olivier Saillard realizó en octubre de 2016. El entonces director del Palais Galliera, uno de los comisarios más influyentes del mundo de la cultura de la moda, descubrió con
asombro la colección de indumentaria tradicional, y decidió dedicarle una exposición en la Maison Victor Hugo de París, dentro de un ciclo que tenía a la moda española como protagonista.

La selección que llevó a cabo para dicha ocasión es la misma que hoy ofrecemos a nuestro público. Con ella, no se pretende analizar de manera exhaustiva la indumentaria popular autóctona, sino destacar sus valores estéticos y artesanales, reconociendo o intuyendo aquellos elementos, estructuras y decoraciones que se han podido trasladar a la alta moda contemporánea.
Esta magnífica colección que alberga el Museo se originó hace casi un siglo, en un momento en el que se otorgó un valor inédito al patrimonio textil. Hoy constituye uno de los puntales del Museo del Traje, testimonio de los hábitos más

tradicionales, pero también susceptible de exhibirse con un nuevo enfoque que apela a los sentidos, sin dejar de suscitarnos cuestiones que nos mueven a
reflexionar sobre los rasgos que definen la identidad de la indumentaria española.
El vasto universo de la indumentaria tradicional fue retratado en la serie España. Tipos y trajes, por el fotógrafo José Ortiz Echagüe (1886–1980), uno de los principales representantes del pictorialismo español de la primera mitad del siglo xx, quien durante la década de 1920 documentó con un profundo lirismo y una gran intensidad estética las diferentes formas tradicionales de vestir en España.

La Alberca. Salamanca
El traje de vistas era en su origen un traje de boda. De silueta cónica y realizado

en paño de lana, destaca la gran cantidad de joyería que lo cubre, cargada de simbologías religiosas y de elementos de protección frente al mal o las enfermedades. Relicarios, crucifijos, patenas, medallas y todo tipo de
colgantes, en plata y en coral, que llegan a alcanzar un peso de cerca de 10 kilos. La acumulación de conjuntos de joyas es una de las formas de manifestar, en la indumentariatradicional, la riqueza y el estatus de la familia.

Lagartera. Toledo
Este traje de ceremonia de boda se confecciona con tejidos de lana y seda, ornamentados con cintas de seda de Talavera y Valencia y bandas de encaje de bolillos en hilos metálicos (los conocidos como “puntos de España”). Las cinco fases que se presentan en la exposición muestran cómo se viste el traje, el gran

número de prendas que lo componen y su enorme complejidad a la hora de superponer unas sobre otras. Al igual que en el caso de las joyas de La Alberca, la acumulación de tejidos ricos es una clara muestra de exhibición del patrimonio familiar. En este caso, la joyería que acompaña al traje está formada por pendientes de media luna, rosarios y relicarios.
Destaca, sobre todo, el ramo de flores colocado sobre el pecho que identifica a la novia.
Las técnicas del bordado de Lagartera se pueden apreciar en especial sobre la ropa blanca y sobre las cintas y pañuelos, donde las complejas composiciones de geometrías y temas florales, como el clavel o el tulipán, ponen de relieve esta antigua industria local artesana.

Maragatería. León
Al oeste de la provincia de León se encuentra la comarca de la Maragatería. Sus pobladores se dedicaban al comercio de mercancías y al transporte de viajeros a lo largo de la Vía de la Plata. La indumentaria masculina es un icono del oficio
de la zona y se vestía a diario como signo identitario. Es una de las más particulares del panorama nacional por el uso del calzón o braga negro de tipo bombacho, que se acompañade la chaqueta o almilla, con cinto de cuero bordado y elamplio sombrero, y por el uso de ligas con textos de temática amorosa.

Zamora
Aliste se encuentra en una comarca ganadera que ha determinado el uso de trajes de lana de oveja, de color pardo, y de sus zapatos de oreja, de piel de becerro. Los patrones son arcaicos y con poca decoración, pervivencia de modas
de los siglos XVII Y XVIII , tales como el sayín femenino. La riqueza de Toro y su

Alfoz se refleja en el derroche cromático y decorativo de los bordados y picados. De tipo popular en la saya roja y el zagalejo amarillo, y erudito, a base de chapería dorada, en el traje denominado de “viuda rica”, con el que se busca un claro contraste sobre el terciopelo negro de seda.
Las capas pardas son el icono del triángulo que forman Aliste, Carbajales y Miranda de Douro (Portugal). Imponentes y pesadas, son fiel reflejo del comercio ganadero de la región.
Tuvo un uso múltiple, de diario, de trabajo, de ceremonia y de procesión. Realizada en lana de oveja de la zona, se adorna la esclavina, capa corta bajo el cuello, y el capillo, con aplicaciones de paño negro de motivos geométrico picados a tijera y pespunteados.

Salamanca
La provincia de Salamanca tiene una gran variedad de trajes en sus diferentes comarcas. El traje charro destaca por el barroquismo de su decoración bordada y

por sus aplicaciones de lentejuelas y mostacillas de pasta vítrea de colores, a
lo que se suma una gran cantidad de joyas de oro y plata sobredorada. El hombre charro es, sin embargo, más sobrio. Destaca la camisa y el chaleco bordados y las botonaduras de filigrana de la chaqueta o las monedas de plata del chaleco.

 

En la comarca de La Armuña, el traje de la mujer se caracteriza por las

aplicaciones de bandas de tafetán de seda fucsia deshiladas en el jubón, el mandil y la mantilla, a la que se llama sobina, que es rectangular, en paño de lana, bordada en negro. El hombre destaca por el chaleco y la chaqueta, blancos de piqué, y por la gran faja bordada a la cintura.

 

 

Extremadura
Destacamos el dengue del traje de Montehermoso, prenda que se cruza sobre el pecho y que es común a muchos trajes peninsulares y que, en este caso, está decorado con cintas ondulantes de color rojo. Las faldas negras, granates, naranjas y marrones, se superponen hasta llegar, en los trajes más sofisticados, a agrupar cuatro, unas sobre otras.

La evolución de la forma de cubrirse la cabeza es muy curiosa: en 1878 Jean Laurent fotografía a una mujer montehermoseña con un pañuelo de seda multicolor. Sin embargo, ya a principios del siglo xx, las fotografías de Ortiz Echagüe recogen la incorporación de una gorra de paja muy decorada sobre el pañuelo, adaptación artesanal de un modelo de capota romántica, que rápidamente pasó a ser el icono del conjunto.
El traje del pastor del valle de la Serena es el fiel reflejo de la importante cultura ganadera extremeña. Los diseños funcionales se adaptan a la necesidad del trabajo como en los zajones, especie de mandil de cuero que, en este caso
conserva el pelo, con perneras abiertas, para trabajar con el ganado y proteger el calzón.

Huesca y Navarra
En la cordillera de los Pirineos cada valle ha desarrollado un traje propio y característico.

En el valle de El Roncal (Navarra), el traje femenino se compone de un jubón negro de lana con bordados y varias faldas, también de lana, de color azul violáceo con un amplio bajo o haldar de color rojo. Destaca la forma de colocar la saya superior, vuelta hacia la cintura y recogida en la espalda, recreando una forma de mariposa o de abanico, gracias a un broche de plata llamado bitxi.

 

En el valle de Ansó (Huesca) pervive uno de los trajes con influencias más antiguas de la Península: realizado en una sola pieza con lana gruesa y pesada, la basquiña, si es verde, o el saigüelo, si es negro, recuerda en su forma a los modelos hispanos-flamencos del siglo xv. Su camisa bordada y de cuello encañonado y levantado evoca los antiguos cuellos Medici de la moda italiana. El que exponemos es el traje de saigüelo que se empleaba para ir a misa.
Del traje de hombre del valle de Hecho destacamos dos particularidades: el elástico de lana cruda –la chaqueta– se viste debajo del chaleco y la enorme faja amoratada que cubre medio cuerpo. Al igual que en otras zonas de España el calzón interior asoma por debajo del calzón exterior.

Madrid
Punto y aparte dentro del mundo tradicional, el majismo fue
un fenómeno social que destaca por el uso político que se
hizo de su forma de vestir. Con origen en el xviii, fue usado
en el xix por la aristocracia como oposición a lo francés y
difundido, entre otros, por la obra de Goya. Destacan sus
llamativos adornos: pasamanerías, flecos, borlas y redes de
madroños. El traje masculino de majo está en el origen del
“traje de luces” y ha quedado vinculado en el imaginario
colectivo al mundo taurino.

Islas Canarias
La lejanía de la península y el relativo aislamiento entre las
distintas islas hacen que la indumentaria canaria sea muy
variada y fiel reflejo de su economía. Desde faldas de lana
negra a faldas de rayas multicolor, chalecos y pañuelos de seda
local, sombreros de paja de palmera sobre pañuelo de seda y
monteras que se llevan sobre tocas de lino crudo. Existe una
potente industria del bordado y deshilado que se refleja en
cómo se adornan las enaguas, las camisas y otras prendas.

Islas Baleares
Las Islas Baleares muestran una enorme variedad en sus trajes
tradicionales. El traje masculino de Mallorca se caracteriza
por un amplio pantalón bombacho de inspiración oriental,
que se acompaña de un chaleco de seda de diversos colores.
En Ibiza, el vestido femenino se caracteriza por la gonella,
un vestido largo de lana negra sin mangas, con un mandil
de mostra bordado con sedas de colores y manguitos con
botones de plata. Destaca en este conjunto la joyería de oro, la
dote de la novia, formada por collares de cuentas bicónicas y
cadenas que se fija al pecho con agujas del mismo material.

Andalucía
La variedad de trajes tradicionales andaluces va mucho más
allá del traje de volantes. Pervive el traje castellano de “manto
y saya” de la cobijada de Vejer (Cádiz), que, atado a la cintura,
se eleva para cubrir el torso, la cabeza y parte de la cara. En
Alosno (Huelva), el bordado en negativo de la camisa conecta
con el marroquí de Fez, mientras que en Níjar (Almería), el
mantoncillo de Manila documenta el uso de esta pieza icónica
cuyo uso ha llegado a nuestros días. El traje de Granada revive
la moda romántica en sus patrones y adornos de cordoncillo,
por el uso del catite y de las polainas de cuero.

Valencia, Alicante y Murcia
Los orígenes de este traje tradicional se remontan al traje
erudito de influencia francesa del siglo xviii y a su evolución
a lo largo del siglo xix. De ahí el empleo de la seda en tejidos
espolinados, cuya tradición de sederías se remonta a época
árabe. Los justillos rígidos, mandiles y pañuelos bordados
y la profusión de joyas completan la silueta. Las formas son
parecidas en Murcia, donde el traje de mujer destaca por su
decoración a base de aplicaciones de lentejuelas doradas,
mientras que en Monóvar (Alicante) las faldas son de lana,
con un interesante y marcado plisado vertical, en diferentes
colores que se distribuyen en franjas horizontales. El uso del
zaragüel es la prenda que mejor define el traje de huertano:
un pantalón corto de algodón blanco, que en su origen se
utilizaba para las labores del campo.

Accesorios
Gorras
El uso de sombreros como protección
en los trabajos agrícolas y ganaderos
forma parte de la tradición de todos los
pueblos. Destacamos las gorras de Ávila
y Segovia, realizadas de forma artesanal
con paja de centeno, empleando
técnicas trenzadas de cestería con
aplicaciones de elementos decorativos
diversos: telas, hilos metálicos y,
raramente, espejos. Su forma refleja el
peinado con el que se llevan, ya que la
escotadura deja hueco al moño.

Cintas
Una de las costumbres de los sistemas
económicos basados en la ausencia
temporal de uno de los cónyuges es el
dejar mensajes de amor que recuerden a
la pareja sobre distintos soportes. En el
caso de los maragatos se utilizan las ligas
para este fin, en el caso de los hombres,
y las caídas de talle y los ceñidores, en
los trajes de mujeres. Cintas realizadas
en telares, con lana y lino, en los que
también se ensalzan los valores de la
mujer maragata ideal.

Zapatos
La extraordinaria variedad tipológica
y ornamental que vemos en los trajes
tradicionales podemos apreciarla
también en los zapatos. Desde
los elegantes y refinados zapatos
valencianos, que al igual que su traje,
siguen patrones aristocráticos del siglo
xviii, hasta los toscos zapatos de orejas
de la comarca de Aliste ornamentados
con motivos calados en la lengüeta,
pasando por los zapatos llenos de
cintas y encajes de Lagartera, que se
completan también con grandes hebillas
metálicas. Destacan también los zuecos,
abarcas o madreñas, fabricados en una
única pieza de madera a la que se aplican
varios tarugos o pies para aislar el pie de
la humedad y el barro, y las alpargatas
de esparto, utilizadas sobre todo, en las
regiones mediterráneas.

Medias
Las medias se realizan con agujas y
forman un universo diferente de colores
crudo, azules, rojos o rayados, muchas
veces adornadas con bordados que
reproducen motivos simbólicos que se
repiten en otras prendas de vestir, como
corazones, pájaros o ramos.

joyería tradicional
La indumentaria tradicional española no puede entenderse
sin las joyas. Entre las piezas que la acompañan destacan los
pendientes, en ocasiones el único aderezo que ornamenta el
conjunto. De oro, plata o plata dorada, a veces guarnecidos
de perlas y piedras preciosas, en ellos pueden rastrearse
influencias de distintos momentos históricos. Los que más
abundan son los modelos de inspiración dieciochesca, así
como los naturalistas del siglo xix que derrochan fantasía.
También los collares adquieren un singular protagonismo,
sobre todo porque ocupan un lugar central, el más visible, en
la figura femenina. Con sus cuentas, elaboradas con una gran
variedad de materiales, desde oro y plata hasta coral y azabache
pasando por madera, hueso o pasta vítrea, se organizan vueltas
a veces guardando simetría, a veces formando combinaciones
cromáticas aleatorias, aunque siempre con la intención de
poner de manifiesto la posición económica familiar.
En el área castellana sobresalen en este sentido los
de cuentas de pasta vítrea procedente de los talleres de
Murano, que cada propietaria ordena componiendo infinitas
combinaciones cromáticas. También los de azabache, cuyas
cuentas de los siglos xvii y xviii, delicadamente talladas, se
combinan bien con algunas de coral, más sencillas, bien
con otras de plata más grandes, inspiradas en modelos
de tradición oriental; el resultado son adornos sobrios y
elegantes, pero también luminosos porque suelen incluir
colgantes diversos de metal y esmalte. Sin olvidar las sartas
de cuentas de filigrana de oro y plata, que todavía hoy siguen
elaborando los plateros salmantinos.
Una de las características de los collares es que sirven de
soporte a un repertorio ilimitado de colgantes, desde monedas
romanas hasta fragmentos de otros joyeles. Pero de acuerdo
con la tradición cultural española, entre las joyas de colgar
predominan las de carácter devocional ligadas al catolicismo.
Es el caso de relicarios, medallas, medallones y cruces, los
cuales conviven con otras de carácter profano como los
amuletos. Los amuletos eran utilizados para evitar el mal de ojo
y, en último término, la muerte de los niños. Entre ellos figuran
higas, cuernos, medias lunas, ramas de coral o castañas de
Indias. La condición de simbólicos protectores de estos objetos
deriva tanto de su forma puntiaguda, a modo de defensa, como
de sus materiales, caso del coral, el azabache o el cristal de
roca, adornados desde la antigüedad con poderosas virtudes
profilácticas. Mención especial en este sentido merecen
los sonajeros de plata, cuyo tintineo se consideraba muy
beneficioso para preservar la salud de los infantes.
Dos últimas joyas completan este breve recorrido por el
repertorio de alhajas utilizadas para embellecer nuestros trajes.
Una es el rosario, objeto de devoción y verdadera alhaja debido
a los materiales con que se fabricó y a su frecuente disposición
en el cuello, como si fuera un collar más. La segunda es la única
joya relacionada con la indumentaria masculina, el botón, que
se incorpora a chaquetas, chalecos y calzones de todas las
regiones españolas formando extraordinarias botonaduras.