Soledad Lorenzo. Cuestiones personales.

Museo Reina Sofía
19 diciembre 2017 – 5 de marzo 2018
Profesora Cristina Puig,
Se han programado las siguientes visitas durante el mes de febrero.
– Lunes 26 a las 17.30 h.

El Museo Reina Sofía presenta una selección de las obras que forman parte del depósito temporal que en 2014 realizó la galerista Soledad Lorenzo. El depósito está compuesto por 392 piezas de 89 artistas pertenecientes a diferentes generaciones, cuyas prácticas abarcan diversas disciplinas de la creación artística actual. En términos generales, la Colección Soledad Lorenzo se centra en el ámbito de la pintura, pero también da cabida a otros medios como el dibujo, la escultura, la fotografía, el vídeo y la instalación. Está formada en su mayor parte por artistas españoles, con destacados contrapuntos representados por artistas del ámbito internacional, especialmente estadounidense.

Si bien uno de los rasgos que han definido la actividad de Soledad Lorenzo como galerista es el del trato personal y la búsqueda del encuentro, entendiendo la galería como espacio de negociación, de diálogo, también el aspecto individual, psicológico o narrativo de determinados autores está presente en los fondos que ha conservado a lo largo de los años, testimonio de un interés por un ámbito distinto: el del retorno de lo figurativo y las metamorfosis de la representación en las últimas décadas del siglo XX, que centran los contenidos de esta exposición.

Aquí la narración se expande en el territorio y se crean conexiones entre artistas
españoles y estadounidenses, reflejo evidente de la ampliación de la mirada de la
galería hacia otras latitudes, justo en el momento en que hay mayor diálogo entre
ambas áreas del mundo. Es el momento de internacionalización del arte español fruto de la presentación de una España renovada por su incorporación a instituciones supranacionales y por vía de su integración en el capitalismo internacional.

Los años ochenta y noventa estuvieron marcados por un entusiasmo que se traduce en una revitalización del mercado y por la fascinación que la producción artística española produce en distintos lugares del mundo. En este sentido, la Colección Soledad Lorenzo funciona como testimonio de un momento determinado en la historia de un país, de su percepción de sí mismo y de su promoción hacia el exterior.

La exposición se inicia con dos de los pintores señalados como pioneros en el ámbito del retorno a la figuración, cuyo carácter híbrido y antidogmático abre todo un rizoma de posibilidades: Alfonso Fraile, con quien Soledad Lorenzo inaugura su galería en 1986, y Luis Gordillo. De modo similar a la exposición anterior, ambos pintores actúan como figuras raíz de un determinado modo de entender la pintura: como síntesis de elementos diversos, provenientes del informalismo, el arte pop y las corrientes geométricas, giros artísticos que conviven para dar lugar a alternativas de figuración, desprejuiciadas,
refractarias a todo formalismo o dogma e interesadas en el ámbito de la psique y la identidad. Una forma de transgresión que se mantiene y se ramifica en, por un lado, Manuel Ocampo y Juan Ugalde, con un componente más crítico que subvierte determinadas iconografías de la cultura popular; y por otro, en la visceralidad gestual de Jorge Galindo, la síntesis matérica de Miquel Barceló, la apuesta obstinada por la autonomía de la pintura de José Manuel Broto o la pervivencia de una cierta gestualidad brava en José María Sicilia, que enlaza con la generación con la que se inicia cronológicamente la colección, de tal modo que, con todos ellos, se cierra el círculo de varias décadas de pintura en España.

En ese contexto de expansión internacional, el papel de la galería Soledad Lorenzo fue fundamental en la difusión de determinados artistas del ámbito estadounidense cuya presencia activaba y ampliaba los horizontes del coleccionismo local. Desembarca así una nueva generación que dota de un carácter más impuro a la pintura-pintura, con Julian Schnabel a la cabeza, acompañado por Victoria Civera, activa en Nueva York en los años ochenta con una pintura exponente de esa recuperación del lenguaje figurativo. También
artistas que tras remover la escena neoyorquina con propuestas irreverentes desde la galería Metro Pictures se suman al espacio de Soledad Lorenzo con una profunda crítica a la representación y a los lenguajes forjados a lo largo del siglo (George Condo y Robert Longo) o desafiando determinadas formas de gusto establecido con propuestas audaces donde hacen su aparición el sujeto escindido, las políticas del cuerpo y la identidad en quiebra, como son los casos de Erich Fischl, David Salle, Ross Bleckner, o Paul McCarthy y Tony Oursler.

Del intercambio entre artistas españoles y estadounidenses en el contexto de una promoción internacional surgió una generación de creadores que forma el grupo más joven dentro de la Colección Soledad Lorenzo, que abrió la galería a nuevos medios y artistas de otros contextos de producción. Itzíar Okariz y La Ribot son ejemplo de esa apuesta por la generación de artistas españoles, mientras otros indican su atención a nuevas fronteras como el alemán Philipp Fröhlich, la brasileña Adriana Varejão o la inglesa Georgina Starr. Este último capítulo es, con todo ello, el reflejo de la adaptación de Soledad Lorenzo a un contexto transnacional y a la internacionalización del arte español, ya patente en los
inicios del siglo XXI.

(Fuente: http://www.museoreinasofia.es)  

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